Están escondidos entre valles y montañas. Por sus tierras pasean libremente el abandono y la miseria.
La precariedad los persigue. Los ha encontrado para quedarse con ellos para siempre. La imagen del hambre está presente en el rostro de decenas de hombres, mujeres, niños y ancianos.
La escasez de alimentos parece ser más cruda entre las etnias del país. Basta con volver la mirada a una de la más ancestral comunidad hondureña: los Pech.
En la comunidad de Santa María del Carbón, ubicada en el municipio de San Esteban, Olancho, la falta de granos básicos para la subsistencia de las familias indígenas es un problema permanente.
EL HERALDO se internó en esta comunidad y vivió junto a estos indígenas las necesidades que padecen y las penurias que día a día deben enfrentar ante la apatía y el olvido gubernamental.
Y es que durante los últimos tres años, la necesidad de alimentos se ha agudizado como consecuencia de las secuelas que dejó a su paso la tormenta tropical Gamma, ocurrida en noviembre de 2005.
El fenómeno natural arrasó con los cultivos y las tierras más fértiles con que contaban los habitantes de la comunidad, después del embate de la naturaleza ya nada serían igual. El hambre los ronda y amenaza con acabar con ellos.






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